septiembre 26, 2008
ESCLAVO
Robert Mapplethorpe
Voy sumando mis pasos de luna llena para hacer zumbar las campanas en las altas torres. Amordazo los badajos para convertir un golpe en una caricia y un estruendo en un murmullo.
Traigo vino rojo para tejer encajes, para llenar los ojos con las arañas que abandonan sus telas.
Llevo los bolsillos llenos de caracoles para leer la suerte de tenerte, justamente porque no te tengo. ¿No me ves de rodillas convocándote? No. No me ves.
Tengo una falda ancha, como la ilusión de los pobres, como la bandera de los tristes, como el canto de los esclavos. Así… ancha y blanca como la señal de los derrotados, como las nubes de la infancia, como las noches en espera.
Hay pulseras en mis tobillos, cadenas tejidas con el grito de mis dedos, con el hueco de mis manos. Están atadas por tres nudos a mis pies memoriosos. Están sujetando la furia del esclavo.
Te puedo dar todo lo que no tengo ni soy, por eso puedo rezar, porque no sirve de nada, porque no te importa lo que digo ni lo que tengo. Lo único que quieres es el jugo de mis visiones terribles, lo que te gusta de mí, es la sed.
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