diciembre 14, 2008

Mis amores Apendices

Cada mañana uno se levanta creyendo que tiene su dìa organizado y que eso le permitirá dar giros y rumbos predeterminados a su vida y así, lograr lo que uno se ha propuesto. Hasta el dìa que no le llega a uno el día para tener que luchar contra un dolor de apéndice a media noche. Si, tenemos un apendice y parece ser que en la vida también nos encontramos con apéndices. Eso es lo sabio de este cuerpo y lo inexacto del mismo: Tenemos un órgano que solo nos damos cuenta que existe cuando nos duele, no cumple ninguna función y no agrega valor a la vida. Y asì ocurren ciertas relaciones: Están allí, no nos damos cuenta que existen solo hasta en el momento en que hay que estriparlas, sacarlas de por vida y darse cuenta que nunca han cumplido ningùn rol en la existencia y devenir de cada dìa. Pero y entonces por qué nos duelen cuando hay que sacarlas? Por qué dudamos tanto al tener que tomar la decisión de no tenerlas más inmersas en cada uno de nuestros cuerpos? La respuesta es sencilla, lo complicado de las apéndices es el dolor que trae consigo la recuperaciòn: La herida es grande, lo deja a uno inmóvil y poco puede uno reirse, razones que son suficientes para uno pensar en no sacarlas nunca y dejarlas ahí, permanentes en la vida, sin querer enfrentarse al dolor y figurando que sean tan pequeñas que no se noten, que nadie las note, y pidiendo cada dìa al control de la mañana que uno se plantea, que por favor hoy no le duela, no se pide que mañana, pues ya mañana serà otro dìa para pedir... Tengo y he tenido varias apèndices, hoy sufro el dolor de una fìsica, que me ha traido consigo las psìquica, las inmortales que no quiero sacar y que durarán por siempre, las mantengo ahí, silenciosas mis relaciones apéndices, pero con el temor al dolor de su extracciòn, de su salida.

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